Por Daniela Orlandi

Los injertos de hueso o la colocación de placas metálicas suelen ser dos de las alternativas más usadas para los casos de pérdida ósea de grandes dimensiones, que pueden producirse como consecuencia de accidentes o de enfermedades. En algunos países -como en Bélgica- se utiliza una especie de prótesis o hueso artificial realizada en impresora 3 D. Y en esta parte del hemisferio, científicos tucumanos en colaboración con profesionales del INTI y del CONICET Buenos Aires, desarrollan un nuevo material diseñado en impresora 3 D, que permitiría paliar una pérdida ósea.

La nueva estructura o andamiaje, que está en etapa de ensayo preclínico, tiene como plus que se reabsorbe en el cuerpo y que además favorece la nueva formación del hueso. El sistema permitiría abaratar los costos respecto de las otras alternativas de injertos óseos porque requiera una única cirugía, solamente para su colocación. Su nombre es BoneFIT y resume el concepto del desarrollo: un hueso hecho a medida, por el significado de las palabras inglesas bone (hueso) y fit (ajuste).

                                          Los investigadores Marcelo Vázquez y Andrea Rodríguez.

El grupo de investigación lleva aproximadamente una década dedicada a la ingeniería de tejidos. Tiene como sede el Laboratorio de Medios e Interfases, que es parte del Instituto Superior de Investigaciones Biológicas, de doble dependencia entre la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) y el CONICET. Como la mayoría de los desarrollos científicos de la actualidad es casi imposible impulsarlo en soledad. Por ese motivo, el equipo se unió a profesionales del INTI y del CONICET de Buenos Aires, para agilizar las pruebas y estudios.

El hilo que usan para imprimir el injerto óseo está compuesto por una fibra sintética biodegradable y por dos sustancias inorgánicas bioactivas. Una de esas sustancias imita al tejido óseo y la otra estimula la formación de los vasos sanguíneos. La estructura se hace a medida del paciente, luego de realizarle una tomografía computada en la zona afectada. Esto permite conocer la forma que tiene el tejido perdido y entonces se emplea un modelo computacional para diseñar la parte faltante.

Integran el equipo de investigación Andrea Rodríguez de la UNT-CONICET, Marcelo Vázquez del Sistema Provincial de Salud (SIPROSA) y también de la casa de estudios tucumana y Leandro Monsalve del INTI y del CONICET de Buenos Aires. Las otras dos investigadoras que completan el grupo son Paula Moreno Madrid y María José García Cabello, ambas tucumanas.

Rodríguez señaló: “el material que empleamos otorga buen soporte mecánico (en cuanto a su funcionalidad) y estético (para que no se note) y, además, su peso es similar al hueso, a diferencia de los implantes metálicos que son más pesados”. Precisó que en una primera etapa se focalizarán en los injertos cráneo-faciales, aunque no descartó que luego puedan desarrollar huesos artificiales para otras partes del cuerpo.

La profesional mencionó que el implante está destinado a aquellos pacientes que sufrieron pérdidas óseas de grandes volúmenes, donde el organismo no lo puede regenerar por sí mismo. “Estamos realizando las validaciones físico-químicas y en el futuro cercano esperamos hacer las biológicas y cumplir con las normativas de la ANMAT y de otros organismos internacionales. Esto permitirá comenzar con las pruebas clínicas”, precisó.

Vázquez, que es ingeniero electrónico y jefe del Departamento de Electromedicina del SIPROSA, manifestó que el sueño es hacer transferencia de tecnología a la gente mediante la creación de una empresa. Aseguró que los hospitales de Tucumán están interesados en el desarrollo y que ya manifestaron la predisposición a cooperar con los ensayos.

El ingeniero comentó que la mayor ventaja de BoneFIT es que se puede usar especialmente en niños y adolescentes porque acompaña su crecimiento. “Se opera una sola vez, y una vez colocado el material no necesita de una nueva cirugía para extraerse. Cuando el hueso del paciente va creciendo, el material se va degradando en el cuerpo”, finalizó.

El equipo científico fue uno de los cinco finalistas del concurso 1000k de Latam, donde compitieron 1.250 empresas de 17 países, en la categoría Pitch. También resultó finalista de los concursos Samsung Innova y De Emprendé ConCiencia.