Gilberto Ryle, filósofo demente, dice que es un error atribuir voluntad y deseo a una máquina. Que es como pensar que hay un fantasma en una impresora. A contrapelo de Ryle, este libro muestra que mezclar lo diferente y distinguir lo igual son las operaciones fundamentales del pensar y el escribir. 


Las máquinas son una osadía nuestra y expresan nuestros sueños y nuestros miedos. Les damos vida, así como podemos reconocer cuando nos comportamos inhumana, maquinalmente en nuestra propia rutina. Si no podemos hacer merengue con las categorías, somos un triste ritual, un tonto reloj. ¿Qué máquina no es producto de un sueño? 

La adicción del hombre por transformar el mundo es también la vertiginosa necesidad de alterarse a sí mismo. Por eso es que todo aparato que se precie termina por sublevarse contra su creador. 

Frankenstein es el nombre del científico; él es el monstruo. Una máquina es una mezcla de latas, tornillos y sueños; de cálculo y voluntad; de razón y riesgo. Decimos que tal persona es una maquinita para expresar su cerrazón y eficiencia. ¡Pero decimos maquinar, que alguien está maquinando algo, cuando sueña o delira! 

Los chicos no se "macdonalizan" con una Cajita Feliz (maquinitas), ni se mandragorizan con leer un libro (maquinando). La felicidad de pensar; de buscar palabras; rumiar ideas raras, tontas y prohibidas no tiene tapa, contratapa ni dirección postal. 

Dostoievski definió como nadie al soñador: "El soñador […] se parece mucho al interesante animal, que es a la vez animal y domicilio, llamado tortuga". Lleva consigo sus fantasías, se ríe solo de sus ideas. Pero ¡ay, si se junta con otras tortugas, y hacen un parque con sus bromas y sus delirios desembozados!

Entonces se enseñan entre sí a insultar la realidad; a nosotros, los adultos. En Mandrágora reciben las herramientas, el vocabulario y la libertad para que el agravio sea lo más preciso y completo posible. Para quedar debidamente injuriados y orgullosos de su don, el más humano de cuantos se puedan imaginar. 

En 1996. Deep Blue 6 derrotó a Kasparov, el entonces mejor ajedrecista del mundo, jugando con blancas. Bravo por ella. Pero Deep Blue 6 no pudo ni podrá entender la terrible zaherida @#*@&$ que le dedicó el ruso.

(Deep Blue fue una supercomputadora desarrollada por el fabricante estadounidense IBM para jugar al ajedrez. Fue la primera que venció a un campeón del mundo vigente, Gary Kaspárov).

Santiago Garmendia