Por Daniela Orlandi.-

Las llamas han sido y siguen siendo el principal sustento de los pobladores de los Andes, ya que son fuente de alimento (tienen una carne con alto valor proteico), se usan para prendas (fibra, piel) y como animal de carga. Además, su sistema inmunológico produce pequeños fragmentos de anticuerpos (nanoanticuerpos) mucho más pequeños que los anticuerpos humanos, que tienen potencial como tratamientos para la COVID-19 y para otras enfermedades.

La inseminación artificial (IA) posibilita el mejoramiento genético de los animales, porque permite utilizar en forma masiva reproductores de alta calidad sin moverlos de su hábitat. Pero los camélidos -como la llama- que de forma espontánea tienen baja tasa de preñez respecto de otros animales, no mejoran su rendimiento con las técnicas de inseminación artificial (la tasa ronda el 30%). Y un equipo tucumano encontró en dos proteínas, presentes en el plasma seminal de las llamas, propiedades que podrían mejorar ese porcentaje.

El equipo está integrado por los doctores en Ciencias Biológicas, Silvana Apichela y Renato Zampini y por el doctor en Bioquímica, Martín Argañaraz. Este último cuenta algunas particularidades que se presentan en las llamas y que comparten los camélidos en general. “La ovulación de las hembras se produce sólo cuando se aparean con el macho, siempre y cuando el ovario de la hembra cuente con folículos maduros. Sólo el lado izquierdo del útero permite la implantación del embrión. La gestación dura aproximadamente un año, tienen una solo cría por gestación y se reproducen de 2 a 5 veces a lo largo de su vida", enumera.

El investigador menciona otras características que dificultan la preñez y que tienen que ver con el semen de la llama y “su elevada viscosidad, la baja o nula movilidad de los espermatozoides y la baja supervivencia de estos espermatozoides durante el congelamiento para una inseminación artificial. Todavía no hay un protocolo eficiente y específico de conservación de semen de camélidos”, explica.

Apichela comenta que el grupo identificó dos proteínas presentes en el plasma seminal de llamas que resultan beneficiosas para los espermatozoides, por ejemplo, mejoran su movilidad o prolongan su sobrevida. Esas proteínas son: el factor de crecimiento nervioso beta (que es inductor de la ovulación de las hembras) y la lectina SL5 (moléculas que tienen la capacidad de reconocer azucares). “Vimos que cuando se agregaban diluyentes, algunas de estas proteínas se despegaban o se consumían en el proceso de refrigeración del semen. Nuestra hipótesis es que eso altera la fecundidad”, precisa.

Silvana Apichela con un guanaco en un trabajo de campo

La propuesta del equipo tucumano consiste en adicionar las dos proteínas durante el proceso de inseminación artificial. “Identificas la estructura molecular de las dos proteínas, y la marcas para hacer su seguimiento. La proteína SL 15 no está disponible comercialmente, y la describimos nosotros por primera vez. Ahora tenemos que sintetizarla y producirla en España y luego podremos entender qué sucede después de la refrigeración y el congelamiento”, reflexiona.

La científica precisa que la otra proteína, el factor de crecimiento neural beta, se pega al espermatozoide y en la inseminación se consume y pierde funcionalidad. Comenta que esa proteína está disponible comercialmente y que, en pruebas in vitro, cuando la agregaron a un diluyente, mejora la motilidad del esperma. “Observamos resultados positivos a los 60 minutos y tenemos que corroborar si ese efecto se mantiene en el tiempo y luego pasar a las pruebas in vivo. Pero ya tenemos esas proteínas aisladas del plasma seminal”, afirma.

Completan el equipo de investigación: Ana Victoria Díaz, que es personal de apoyo del CONICET; la becaria posdoctoral Luciana Sari; la becaria doctoral Ximena Castro González; la farmacéutica Cristina Estévez y el médico veterinario Alfredo Martínez. El proyecto está financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación por medio de los programas PICT y PICT Raíces, por la Universidad Nacional de Tucumán a través del programa PIUNT y por el CONICET con el proyecto PIP.


Tecnología transferible
Zampini comenta que, actualmente, no existe una tecnología de inseminación artificial disponible comercialmente para los camélidos sudamericanos, pero que observa un gran interés entre los productores por desarrollar este tipo de biotecnología. A partir de nuestras investigaciones esperamos contribuir al desarrollo de protocolos específicos para las llamas (y los camélidos en general) para que la inseminación artificial sea un procedimiento rentable que otorgue beneficios al productor, señala

Apichela explicó que “se pueden hacer bancos de semen congelados de machos de alto valor genético, que sirvan para inseminar las llamas de los pequeños productores. Para eso es importante el contacto con extensionistas que lleguen a lugares de difícil acceso como la Puna”, menciona. Y agrega que existen grandes mercados en países como Australia, Nueva Zelanda, Italia, China y Alemania donde se crían alpacas y llamas. “Allí tienen capacidad económica para invertir en tecnología y usan la lana del animal para la alta costura, mezclada con otras fibras”, detalla.

Camélidos, provincia por provincia
Los Camélidos Sudamericanos incluyen cuatro especies: dos que son silvestres (los guanacos y las vicuñas), y otras dos que son domésticas (las llamas y las alpacas). Zampini menciona que en nuestro país podemos encontrar tres de estas especies: los guanacos, las vicuñas y las llamas, y su distribución es amplia, en altitudes de 4.000 metros sobre el nivel del mar.

 “Actualmente, somos el país con la mayor población de guanacos del mundo, los cuales habitan principalmente en las provincias de la Patagonia, desde Neuquén hasta Tierra del Fuego. Las vicuñas y las llamas están en las zonas de mayor altitud del Noroeste Argentino, en lo que se conoce como el altiplano, distribuidas principalmente en las provincias de Jujuy, Catamarca, Salta y La Rioja.

El investigador afirma que las llamas, por ser animales que tienen un fin productivo por su carne y fibra, también pueden encontrarse en ambientes extra-andinos. La Facultad de Agronomía y Zootecnia de la UNT, por ejemplo, cuenta con un rodeo de estos animales destinado a la investigación.