Hacen colectas en Facebook para ayudar a niños inundados. Venden rifas para colaborar con la familia de algún estudiante. Reparten entre sus alumnos ropas que sus hijos ya no usan. Muchas maestras cumplen el rol de asistentes sociales. Otras hacen de “psicólogas”, que contienen a los chicos, que los escuchan y los aconsejan.

Estas situaciones “heroicas” de los docentes resultan comunes en la actualidad. Pero, ¿es ese el rol del maestro? ¿Cuánto importa la transferencia de conocimientos y la capacidad de incentivar un pensamiento crítico en los alumnos?

Investigadoras de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) estaban estudiando el grado de bienestar y malestar docente, cuando encontraron un dato sorpresivo. Notaron que el ejercicio de la docencia incorporó un nuevo aspecto: la contención social al alumno. En otras palabras, el rol del educador como facilitador del aprendizaje o de la adquisición de conocimientos habría pasado a un segundo plano, según las primeras interpretaciones de ese análisis.

El equipo de investigación está integrado por la doctora en Sociología y psicóloga Paula Carreras (directora), quien también es docente de la UNT y de la Universidad Católica de Santiago del Estero (UCSE), por la psicóloga y doctorando en Humanidades Cynthia Torres Stockl (codirectora) y por el psicólogo Ignacio Grande. Además está formado por un grupo interdisciplinario de profesionales: María Alejandra Carreras (UNT- UCDE), Andrea Paola Campisi (UNT), María de la Paz Nieto Barthaburu (UNT) y como colaboradora externa Paula Bello. El estudio se realizó enfocado en la Teoría de las Representaciones Sociales y buscó conocer la perspectiva de 130 docentes de Tucumán y de Santiago del Estero.

En la muestra, más de un 30% ejercía en el nivel primario; un 27%, en el secundario; un 4%, en el terciario; un 12%, en el universitario, y más de un 15%, en dos o en más niveles educativos. Las investigadoras utilizaron una metodología cuantitativa y cualitativa. Implementaron un test de evocación jerarquizada, con el término inductor “trabajo docente”: los educadores debían señalar con qué palabras lo relacionaban. Luego, mediante un cuestionario, pedían listar por separado aspectos positivos y negativos del ejercicio docente. También se solicitó a los educadores que escriban una carta anónima, en la cual hablasen de su profesión.

“Ninguna respuesta al cuestionario mencionaba la palabra conocimiento o qué materia enseñaba el docente. Como contrapartida, tanto en las cartas como en el cuestionario aparecía el tema del asistencialismo y de la contención al alumno”, contó Carreras. Y agregó que percibieron un desdibujamiento del conocimiento frente a todas las funciones con las cuales el docente se sentía útil. Esto se notó, en especial, en los docentes del primario.

Las investigadoras dejan flotando una pregunta en el aire: ¿cuál debe ser la función de la escuela y del docente en el sistema educativo? “Uno espera que haga transferencia de conocimiento, que incentive la capacidad de pensamiento crítico; pero eso no se desprende de este estudio”, dijo Carreras. Y agregó: “varios docentes dicen que atender la condición social del alumno permite cimentar la transmisión de los contenidos de la disciplina. Pero el problema surge cuando la dimensión social desdibuja o borra lo académico”.

Parte de estos estudios fueron presentados en la Conferencia Internacional sobre Representaciones Sociales, realizada en Buenos Aires (Agosto de 2018), y en el XII Congreso Argentino de Salud Mental, que tuvo lugar el mimo año, también en Buenos Aires.

¿Ser docente equivale a entrega y sacrificio?
Las investigadoras notaron un fuerte contraste entre el “ser” y el “quehacer” docentes. Para el primer concepto, el educador rescataba valores constitutivos de su profesión, como la vocación y el amor por los chicos. El segundo, sin embargo, implicaba enfrentarse a su realidad laboral.

Torres Stokl precisó que alrededor del “ser” docente aparecieron palabras como vocación, responsabilidad, compromiso y esfuerzo. Pero a la hora de hablar del “quehacer” docente apareció la insatisfacción por el bajo salario y la falta de tiempo para cumplir con las tareas exigidas -en especial, las burocráticas-. En menor medida percibieron inconformidad por la sobrepoblación de las aulas, la falta de materiales para desarrollar sus tareas y el trabajo extra áulico.

Señaló que los educadores tienen una mirada idealizada sobre su trabajo, que esconde otras problemáticas que los agobian, sobre las cuales no se animan a hablar porque sería políticamente incorrecto. “Esto se debe a están formados en esa tradición de que ser docente tiene que ver con la entrega, con el sacrificio y con el esfuerzo”, opinó Torres Stokl. Y sostuvo que los resultados de este estudio pueden servir de base para mejorar las políticas educativas futuras, en especial respecto al ámbito laboral docente.
Fuente: Secretaría de Ciencia, Arte e Innovación Tecnológica