Investigadores de Barcelona, de tres universidades de España, de la Facultad de Ciencias Naturales e Instituto Miguel Lillo de la Universidad Nacional de Tucumán, de la Universidad Nacional de Mar del Plata y de la Universidad de Buenos Aires encontraron cenizas provenientes de la erupción del Complejo Volcánico Cerro Blanco, ubicado en Catamarca. Se trata de la erupción más grande documentada durante los últimos cinco milenios en la zona volcánica de los Andes Centrales y es probablemente una de las mayores erupciones explosivas holocenas en el mundo (corresponde al período posglacial).

Las cenizas procedían de una erupción a 400 kilómetros de distancia de un volcán, cerca de la localidad de Santiago del Estero. El Cerro Blanco está a 4.400 metros de altitud sobre el nivel del mar, en el extremo sur del altiplano andino, que hoy corresponde a la provincia nororiental de Catamarca. El estudio fue dirigido por el Dr. José Luis Fernández Turiel, del Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera (Barcelona) y se publicó en la revista Estudios Geológicos. Por Tucumán participaron Julieta Carrizo (Docente e investigadora del Instituto Interdisciplinario de Estudios Andino) y la Dra. Graciela Esteban (Docente e investigadora del Instituto Superior de Correlación Geológica), quienes se encargaron de evaluar los impactos en el registro paleontológico de los depósitos de cenizas.

El origen de la investigación liderada por Fernández Turiel era determinar el vínculo entre el arsénico en el agua y las cenizas volcánicas. Sin embargo, al analizar las decenas de muestras de cenizas de esta región andina, se descubrieron que casi todas ellas procedían de la última erupción del Cerro Blanco, ocurrida hace 4.200 años. Graciela Esteban aseguró que las implicaciones de ese trabajo van más allá de obtener marcadores temporales geológicos a partir del análisis de las rocas. Agregó que deben seguir investigando para extraer conclusiones generales sobre esos impactos en los entornos locales y sobre sus consecuencias para las comunidades. “Tiene valor no sólo para comprender cómo se pudo haber afectado el sistema a lo largo del tiempo, sino también para evaluar los peligros volcánicos y las medidas de mitigación”, conjeturó la investigadora.

A continuación, la entrevista que realizó la Secretaría de Ciencia, Arte e Innovación Tecnológica (SCAIT) a las investigadoras tucumanas Julieta Carrizo y Graciela Esteban.

SCAIT- ¿Cómo se concretó la colaboración de la investigación española-argentina?
J.C. -A partir del año 2012 y a través de la firma de un Acta Acuerdo entre la Facultad de Ciencias Naturales e Instituto Miguel Lillo (UNT) y el Instituto de Ciencias de La Tierra Jaume Almera (Barcelona), perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, comenzamos a trabajar en el Proyecto “Impactos medioambientales de erupciones Cuaternarias en los Andes Centrales: modelado para la prevención de los efectos de futuras erupciones”, dirigido por el Dr. José Luis Fernández Turiel.

SCAIT- ¿Cuál considera que es el aporte fundamental que realiza a la ciencia lo descubierto en el trabajo, es decir, conocer que en Argentina se dio la mayor erupción volcánica de los últimos 5 mil años?
G.E. -La identificación y caracterización de los niveles de ceniza originados durante este gran evento volcánico proporciona una nueva guía para los registros geológicos y arqueológicos regionales del Holoceno, siendo un marcador cronoestatigráfico para una extensa área geográfica de América del Sur.

SCAIT- ¿De qué forma participaron ustedes en la investigación y en los trabajos de campo?
J.C. -Nosotras participamos en los trabajos de campo realizados en Catamarca (Santa María y alrededores), Tucumán (Tafi del Valle, Amaicha del Valle y alrededores) y Salta (Tolombón y Cafayate). Evaluamos los impactos en el registro paleontológico de los depósitos de cenizas.

SCAIT- ¿Dónde se localizan exactamente los hallazgos y qué características habría tenido esa erupción volcánica?
G.E. -Las investigaciones encontraron niveles de cenizas procedentes de esta erupción a 400 kilómetros de distancia del volcán. Se estudiaron 62 afloramientos de la zona y recogieron más de 230 muestras de cenizas durante diferentes campañas realizadas en las provincias de Catamarca, Tucumán, Salta y Santiago del Estero. El estudio de estas muestras permitió interpretar que casi todas ellas procedían de una única erupción, ocurrida hace 4.200 años y que cubrió de ceniza buena parte de la Argentina, comparable, por el volumen de material expulsado al de la isla de Santorini. Los depósitos de caída de ceniza del Cerro Blanco alcanzaron aproximadamente 400 km de distancia desde el volcán. Esto indica que aproximadamente 170 km cúbicos de ceniza se distribuyeron alrededor de 500.000 km cuadrados 
en Argentina.

Por Daniela Orlandi