"Borges es un inteligente lector de filosofía, pero nunca se dejará aprisionar por un sistema filosófico". 

Esta afirmación de la doctora Cristina Bulacio debería bastar para tranquilizar a cualquier admirador de la obra borgeana, que sospeche que nuestro gran escritor corre peligro de ser inscripto en algún sistema filosófico que encasille su fértil imaginación dentro de un marco ideológico, y sacrifique su versatilidad temática y la inasible riqueza de sus criaturas ficcionales en pos de una adhesión a esta o aquella postura filosófica.

La formación de Cristina Bulacio en los rigores de la filosofía le permite advertir en el corpus borgeano no solamente algunas menciones a filósofos memorables, sino también entrecruzamientos entre situaciones existenciales -ficcionales, naturalmente- y planteos filosóficos de la más diversa índole, registrados en la inmensa biblioteca que tantos pensadores, desde Platón a Rudolf Otto, han ido enriqueciendo por siglos. 

Y son esos contactos los que la autora explora con autoridad y con una innegable fruición intelectual al ir develando, con su análisis, lo que ella llama el espíritu lúdico y erudito de Borges.

Eugenia Flores de Molinillo


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