Subir una foto a Instagram, comentar una publicación en Facebook, tener clases virtuales o reuniones laborales por zoom, asistir a cursos por Google Meet, pagar la tarjeta de crédito o los servicios desde el celular, comprar ropa en la web o, incluso, ver videos cómicos en Tik Tok, todo esto tiene algo en común: la exposición a una pantalla.

Desde que empezó la pandemia por coronavirus, la virtualidad nos llevó a incrementar nuestra interacción con los dispositivos tecnológicos. Un año y medio después las consecuencias son evidentes. "Muchas personas sufren adicción a las pantallas y a las redes sociales, pero no llegan a los consultorios sabiendo de tal consumo problemático, sino que vienen con un cuadro depresivo o con alteraciones alimentarias", explica el doctor Walter Sigler, docente de la Cátedra de Salud Mental II de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Tucumán y Director de Salud Mental de la Provincia.


En diálogo con Radio Universidad 94.7, el especialista en salud mental asegura que la adicción a la pantalla y a las redes sociales son un tema que ocupa un espacio importante en las agendas de salud publicas en todo el mundo. "Al comienzo de la pandemia las personas hicieron un uso racional de la tecnología, pero con el correr de los meses el consumo de contenido digital en las redes sociales aumentó generando un uso indebido", argumenta.



El consumo problemático de pantallas y redes sociales tiene múltiples consecuencias: depresión, trastornos alimentarios, insomnio, bajo rendimiento académico o laboral, entre otros. "El exceso se advierte cuando la persona muestra desinterés hacia la familia, los afectos o así mismo; cuando se violan reglas de la cotidianidad como los horarios de la comida o de descanso; cuando se dan cambios en la conducta aumentando el malhumor o la poca tolerancia hacia la frustración. Todo esto nos pone frente a una conflictiva conductual", detalló el especialista.

"En el caso de los adolescentes hay que tener un especial cuidado ya que en muchos hogares, las redes sociales son el único sostén de contención afectiva y quitárselas, a modo de castigo, puede traer consecuencias serias. Desde el aislamiento social hasta un cuadro de abstinencia", agregó Sigler.

Por último, el docente universitario explicó que las personas no acuden a un consultorio médico asumiendo la adicción. "Llegan con un cuadro depresivo, con insomnio o malestar físico en la espalda. Allí el profesional mediante la exploración médica advierte que se trata de un consumo problemático. Por eso, recomendamos a la población que asista a un consultorio psicológico, ya sea en un centro de atención primaria o en un hospital", informó.