En la Facultad de Ciencias Naturales e Instituto Miguel Lillo, funciona el Instituto de Bioprospección y Fisiología Vegetal (INBIOFIV). Allí se realizan múltiples investigaciones, entre ellas, el estudio de las plantas nativas del Noroeste Argentino (NOA) para su revalorización y aprovechamiento en el diseño de alimentos saludables, en la fitoterapia, la fitocosmética y en productos de interés agrícola y apícola. El instituto es de doble dependencia, es decir, funciona a partir de los recursos y aportes de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) y del CONICET.

Su directora es la doctora María Inés Isla, investigadora principal del CONICET y profesora titular de la Universidad Nacional de Tucumán. En una entrevista brindada a Radio Universidad contó por qué se dedicó al mundo de la biología, especialmente de la botánica: "Las plantas son seres vivos maravillosos, a partir del agua y el dióxido de carbono pueden producir cientos de moléculas de todo tipo e interactuar con el medio ambiente. Son una fábrica de moléculas", describió. 

En la charla que tuvo con la locutora Gladys Omil, en Radio Universidad, repasó las principales líneas de estudio que los investigadores del INBIOFIV llevan adelante en la actualidad. 

-¿Que investigación hicieron respecto al uso de la Jarilla (planta medicinal)?
Existía un conocimiento ancestral respecto a las propiedades de esta planta. Nosotros lo que hicimos fue tratar de validar ese conocimiento desde un estudio científico. Hay muchos tipos de La jarilla, elegimos una que crece en Tafí del valle. Antiguamente era utilizada para eliminar el olor de pie, para aliviar dolores musculares o para curar heridas. Se la consumía como té o como pomada. Nuestro equipo de investigadores pudo validar esas propiedades asignadas por nuestros ancestros. Comprobamos que la jarilla tiene múltiples funciones: es antinflamatoria, alivia dolores articulares agudos o crónicos, ayuda a bajar el ácido úrico, es antifúngica, antimicótica, tiene muy buenos efectos en hongos de pie y uñas. Son capaces de ayudar a prevenir efectos que surgen de los procesos de síndrome metabólicos, permite reducir la obesidad o la diabetes, por ejemplo. Tienen una batería químicas de moléculas lo que le da tantas propiedades.

-¿Estas investigaciones se vinculan con otros organismos que posibiliten la elaboración de medicamentos?
Nuestro instituto es multidisciplinario; hay investigadores que pertenecen a diferentes facultades. Desarrollamos medicamentos, fitoterápicos y alimentos funcionales. Hemos podido desarrollar cremas, antimicóticas, geles, microcápsulas y distintas formas farmacéuticas. Allí hemos incorporado extractos de estas especies vegetales.
En el laboratorio de nuestro instituto tenemos equipos que trabajan para desarrollar alimentos funcionales. Estos alimentos ejercen un efecto beneficioso sobre la salud de las personas. Además de aportar nutrientes como hidratos de carbonos, proteínas, lípidos, minerales o vitaminas, aporta otras sustancias que pueden ayudar a mejorar el estado de salud como los antioxidantes. Estos contribuyen a combatir el llamado estrés oxidativo que genera entre otras cosas el envejecimiento del cuerpo humano. 

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