Cada 2 de abril se conmemora el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, una fecha establecida en 2007 por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el objetivo de visibilizar esta condición y promover una sociedad más inclusiva. En el marco de esta jornada, es fundamental reflexionar sobre la importancia de fortalecer las políticas y prácticas inclusivas dentro de las instituciones educativas y en la sociedad en general.
Para profundizar en el tema, Medios UNT dialogó con la Prof. Mg. en Psicología, Nora Abate, quien explicó la relevancia de este día y detalló cómo trabaja la Facultad de Psicología y la Universidad Nacional de Tucumán en torno a la inclusión de personas con autismo.“La Facultad de Psicología cuenta con un espacio de tutorías para estudiantes donde se abordan distintas problemáticas. Además, en la carrera dicto la asignatura Psicología y Discapacidad, donde buscamos que los alumnos adquieran herramientas para comprender la diversidad. También participo en el Observatorio de la Discapacidad, cuyo objetivo es promover la formación e impulsar investigaciones sobre discapacidad en distintas dimensiones: social, política y educativa. Buscamos generar espacios de formación que fortalezcan el conocimiento y el intercambio entre distintos actores”, explicó la profesional.
En esa línea, la profesional destacó el trabajo articulado entre facultades para ampliar la formación docente en torno a la educación inclusiva. “El año pasado se implementó una Diplomatura entre la Facultad de Psicología y la Facultad de Filosofía y Letras, enmarcada dentro del Plan Estratégico Institucional 2023 de la UNT. Su propósito fue fortalecer las prácticas docentes para garantizar una educación equitativa y de calidad. La formación abordó conceptos sobre discapacidad, inclusión y los fundamentos necesarios para lograr una educación verdaderamente accesible en el ámbito universitario”, remarcó la docente e investigadora.
Consultada sobre el nivel de preparación de las instituciones educativas para abordar la inclusión, Abate sostuvo que aún hay desafíos pendientes. “La educación es inclusiva cuando cada una de las personas que conforma las instituciones educativas están compenetradas con el proyecto de inclusión desde el nivel inicial hasta el nivel superior. El abordaje de una educación inclusiva constituye, hoy por hoy, la iniciativa más apropiada para afrontar la exclusión, pues defiende los derechos humanos y se sustenta en principio de equidad, igualdad y justicia social”, indicó. Si bien reconoció avances en la integración de personas con autismo dentro del sistema educativo, señaló que aún se necesita un respaldo constante en la formación docente, mejoras en infraestructura y, sobre todo, la eliminación de barreras sociales y prejuicios que dificultan la inclusión. “Las instituciones están en un proceso de cambio, pero es clave seguir derribando mitos que limitan el acceso a una educación plena para nuestros niños y sus familias”, enfatizó.
Y agregó que la educación inclusiva no es solo integrar, sino transformar el sistema para garantizar la participación de todos, especialmente de quienes son más vulnerables a la exclusión. Esto implica revisar las políticas educativas, las prácticas pedagógicas y la cultura institucional para lograr cambios reales y sostenibles. Según la especialista, debemos preguntarnos “¿qué tipo de escuelas queremos?, ¿qué se espera de los docentes? y ¿cómo contribuir a mejorar su práctica docente en un contexto complejo como es el de la Universidad?”.
Asimismo, la directora de la Maestría en Psicología Educacional insistió en la necesidad de implementar políticas inclusivas que trasciendan el papel y se concreten en la realidad. “Una universidad inclusiva respeta los derechos de los estudiantes, fomenta la participación, reduce la exclusión y genera un espacio de equidad. Garantizar la igualdad de oportunidades es una tarea de toda la comunidad educativa, en todos sus niveles. El desafío es transformar el sistema educativo hacia un cambio sistémico y para ello y en consonancia con los ODS que la educación sean un derecho para todos”, subrayó.

Inclusión en el plano social y laboral
Más allá del ámbito educativo, la inclusión de personas con autismo también enfrenta barreras en el plano social y laboral. “Es fundamental desmontar prejuicios y comprender que las personas con autismo deben ser respetadas y acompañadas en su desarrollo. El desafío que hoy se impone a la sociedad es que respete los derechos de las personas”, señaló Abate.
En cuanto al rol de la universidad en esta causa, destacó que existen iniciativas como el proyecto ‘Universidad y Discapacidad’. Prácticas educativas inclusivas de los docentes de la UNT(CIUNT K701), desarrollado por la Facultad de Psicología en conjunto con equipos de investigación. Sin embargo, remarcó que aún queda trabajo por hacer para lograr una política de inclusión transversal dentro de la institución.
La experta también enfatizó la importancia de generar conciencia en todos los ámbitos de la vida, desde la educación hasta el trabajo. “La educación inclusiva es un derecho y una responsabilidad compartida. Esto ya constituye un reto internacional que en la agenda 2030 esta explicitado en el ODS 4 aprobada por la ONU en 2015. Aunque los gobiernos tienen un papel clave, la sociedad en su conjunto debe comprometerse. Las instituciones educativas, las familias, las organizaciones, el sector privado y los medios de comunicación tienen una función esencial en la construcción de entornos más inclusivos”, explicó. Y añadió: “El cambio no se logra con medidas aisladas, sino con una transformación profunda de los sistemas educativos y laborales. Es fundamental que el ámbito laboral también sea un espacio de inclusión, donde las empresas asuman el compromiso de generar oportunidades laborales dignas y accesibles para todos”.


El color azul como símbolo del autismo
En relación al uso del color azul como emblema de la concienciación sobre el autismo, la profesional explicó su significado: “Este color simboliza las distintas experiencias que atraviesan las personas con autismo y sus familias. Puede ser un tono tranquilo y brillante, como el mar en un día de verano, pero también puede oscurecerse y volverse como un mar en tempestad”, definió. Este color representa los desafíos y las emociones que acompañan a esta condición.
Por último, la Mg. Nora Abate dejó una reflexión sobre la importancia de asumir un compromiso colectivo con la inclusión: “Los adultos, los profesores y todas aquellas personas que vivimos en la sociedad debemos comprender que el mundo es diverso y cada persona es única. El autismo no es una enfermedad, es una manera distinta de ver el mundo”. Y concluyó: “La universidad debe asumir el compromiso de una educación inclusiva y así colaborar a construir una sociedad sin barreras”.