Cruzar el Océano Atlántico no es solo un viaje de miles de kilómetros; para los estudiantes de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), es el paso necesario de un proceso de transformación que comienza en las propias aulas de la UNT y culmina en los pasillos de la Universidad de Salerno, Italia. A través de un convenio de doble titulación, jóvenes profesionales como Lucía Ruiz y Pablo Grandval han logrado derribar las barreras idiomáticas y culturales para demostrar que la formación académica pública de nuestro universidad está a la altura de las máximas exigencias europeas.
Un sueño que comenzó en Tucumán y se consolidó en Salerno
Lucía Ruiz, graduada de Ingeniería en Gestión (Ingeniería Industrial en la UNT), recuerda que el proyecto nació como una charla de pasillo entre amigas que le cambió la vida para siempre. A pesar de los nervios iniciales por saber si su nivel académico sería suficiente, Lucía descubrió con orgullo que la UNT prepara a sus estudiantes de manera excelente, permitiéndoles no solo cursar con éxito en el exterior, sino también insertarse en el mercado laboral de élite. Hoy, instalada en Milán, trabaja para la consultora multinacional Price Waterhouse Coopers, optimizando redes comerciales para el sistema bancario.


Por su parte, la historia de Pablo Grandval, ingeniero mecánico, añade una cuota de ciencia ficción a esta realidad: en su tesis de doble titulación, terminó fabricando rotores para turbobombas de cohetes. Para Pablo, el convenio fue ese “gran puente” necesario para cumplir su anhelo de tener una experiencia internacional.


Actualmente trabaja en una startup aeroespacial en Nápoles, donde fue seleccionado por encima de candidatos locales gracias a la “base sólida” y la cultura de adaptabilidad que le brindó la UNT. Su relato no solo es de éxito técnico, sino también humano, destacando la emoción de recibir su título bajo las tradiciones italianas, rodeado de una comunidad de argentinos, entre ellos diez tucumanos, que se apoyaron mutuamente en el desarraigo.
Ambos testimonios coinciden en un punto fundamental: la barrera del idioma y la distancia son solo desafíos temporales ante la magnitud del aprendizaje.
Lucía define la experiencia como un “giro de 180 grados” y anima a los estudiantes a preguntar y sacarse las dudas. Pablo, desde la “alocada y divertida” Nápoles, refuerza la idea de que estas oportunidades son únicas cuando se es joven y que el crecimiento personal termina superando incluso lo académico. El mensaje es claro: el convenio está vigente, el proceso de aplicación inicia en mayo y lo único necesario es el coraje para aventurarse al cambio. La excelencia de la UNT ya les ha dado las alas; solo falta animarse a volar.

