Tucumán también tiembla. No necesariamente de una manera que podamos sentir. Los movimientos sísmicos forman parte de la actividad habitual del territorio y, según explicó Cecilia Spagnuolo, geóloga, docente de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) e investigadora del Conicet, muchos ocurren sin que la población llegue a percibirlos. “En general no hay sismos tan grandes. Los sismos ocurren casi a diario, pero la mayoría son imperceptibles por las personas”, señaló la especialista.
La provincia no se encuentra entre las zonas de mayor peligrosidad sísmica de la Argentina, como San Juan o Mendoza. Sin embargo, eso no significa que esté al margen de la actividad tectónica. Spagnuolo explicó que Tucumán forma parte de una región donde interactúan las placas de Nazca y Sudamericana. En el caso de la región andina, la placa de Nazca se desplaza hacia el continente y se introduce por debajo de la Sudamericana, en un proceso conocido como subducción. Esta interacción genera deformaciones y acumulación de energía en las rocas que, cuando se libera, puede producir sismos.
¿Por qué San Juan tiene sismos más fuertes?
Para explicar la diferencia, la geóloga puso como ejemplo a San Juan, una de las regiones con mayor actividad sísmica del país. En esa zona, explicó Spagnuolo, la placa de Nazca se introduce por debajo de la Sudamericana con un ángulo muy bajo, casi horizontal. Esto hace que el contacto entre las placas se produzca a poca profundidad y favorezca la generación de sismos de mayor magnitud.
Tucumán presenta un escenario diferente. La provincia tiene un riesgo sísmico moderado y registra numerosos movimientos pequeños, pero no presenta las mismas condiciones geológicas que caracterizan a San Juan. La comparación permite entender que la actividad sísmica no depende solamente de qué placas están involucradas, sino también de cómo interactúan y de las características geológicas de cada región.
El riesgo también depende de cómo estamos preparados
Tener actividad sísmica no significa necesariamente que un terremoto vaya a producir grandes daños. El riesgo también está relacionado con las características de las construcciones, la exposición de la población y la capacidad de respuesta frente a un evento de mayor intensidad. En ese punto, Spagnuolo advierte que Tucumán todavía tiene un desafío pendiente: preparar a la población. “Yo creo que no estamos preparados para afrontar un sismo de gran magnitud. Falta mucha educación con respecto a eso acá en nuestra provincia”, advirtió.
La especialista considera que esa preparación debe incluir el conocimiento de las normas de construcción y también una mayor educación sobre cómo actuar ante un movimiento sísmico. “Si se cumple como corresponde la reglamentación de las normas de construcción, el peligro sería menor”, sostuvo.
La actividad sísmica, entonces, es parte de una dinámica natural que no puede evitarse. Lo que sí puede reducirse es el impacto que un movimiento de mayor magnitud podría tener sobre la población. Para eso, conocer el riesgo, mejorar la prevención y saber cómo actuar son herramientas centrales para una provincia que, aunque no se encuentre entre las zonas de mayor peligrosidad sísmica del país, también tiembla.

