Además de las ponencias, los pósteres científicos y los intercambios con evaluadores, hubo tiempo para conocer las historias personales detrás de cada proyecto. Estudiantes de Paraguay compartieron las dificultades y el esfuerzo económico que implicó concretar el viaje, mientras que los jóvenes brasileños, como anfitriones, expresaron su entusiasmo por participar de esta experiencia de cooperación académica.
Para muchos de los participantes, llegar a Porto Alegre representó su primera experiencia internacional. Ese fue el caso de Paz González, estudiante de la Universidad Nacional del Pilar Paraguay, quien compartió su entusiasmo por formar parte de las jornadas y presentar una investigación relacionada con las metodologías de educación invertida aplicadas en el ámbito universitario.
Su trabajo analiza estrategias pedagógicas utilizadas durante 2016, especialmente la incorporación de materiales de estudio y lecturas previas a las clases, con el propósito de aprovechar las instancias presenciales para el desarrollo de actividades prácticas.
La experiencia permitió visibilizar no solamente los resultados de su investigación, sino también el esfuerzo personal y académico que supone participar de un encuentro científico de alcance internacional.
Desde Brasil, Augusto y Ana Laura, estudiantes que participaron en el grupo de voluntarios como anfitriones, destacaron la importancia de fortalecer la identidad latinoamericana a través de la ciencia y el intercambio entre universidades.
“Estamos orgullosos y cada día con la energía renovada para brindar el mejor acompañamiento a quienes confiaron en participar de estas jornadas”, expresaron al referirse a la experiencia de recibir a las delegaciones extranjeras.
Sus palabras reflejaron uno de los aspectos centrales del encuentro: la construcción de vínculos que trascienden las diferencias culturales y permiten reconocer desafíos comunes entre los países de la región.



La UNT y el valor de compartir
Los 43 tucumanos también tuvieron una participación activa en esta nueva edición, con estudiantes de diferentes unidades académicas que presentaron investigaciones vinculadas con problemáticas sociales, ambientales, sanitarias y productivas.
Para algunos representantes, la experiencia significó enfrentar por primera vez a un grupo de evaluadores internacionales y compartir sus resultados con investigadores de otros países.
Lautaro Miguel, estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras, destacó que esta participación constituye una experiencia inolvidable, pero también una posibilidad de fortalecer la producción de conocimiento en el campo de las ciencias sociales, su trabajo abordó el arte desde la educación en el nivel medio y superior.
Por su parte, Luciana Garmendia, de la Facultad de Medicina, relató cómo los nervios previos a su presentación comenzaron a desaparecer apenas ingresó al aula. Durante su exposición recordó las recomendaciones de su director de proyecto, a quien agradeció por el acompañamiento y por la oportunidad de alcanzar esta instancia académica.
Estas experiencias muestran que las jornadas representan mucho más que una evaluación científica: también constituyen un espacio de aprendizaje, crecimiento personal y fortalecimiento de las capacidades de comunicación de los futuros investigadores.
Otro de los testimonios fue el de Lucas Martínez, quien presentó una investigación vinculada con la malnutrición y los cambios en las condiciones nutricionales de diferentes comunidades.
“Mi trabajo compara tres establecimientos urbanos, periurbanos y rurales para abordar la malnutrición y el proceso de transición del sobrepeso y la obesidad. Mi estudio con antropometría nos acerca a un primer diagnóstico”, explicó.
El joven investigador destacó, además, la importancia de sostener estos encuentros entre estudiantes de la región, valoró las oportunidades que generan las becas para quienes se encuentran en formación y agradeció que la UNT mantenga su participación en las actividades de AUGM.



Investigar desde América Latina para responder a desafíos comunes
Las distintas trayectorias compartidas durante el encuentro pusieron de manifiesto una característica central de las Jornadas de Jóvenes Investigadores: aunque las condiciones de formación y los contextos científicos varían entre países, existen problemáticas que pueden abordarse mediante la cooperación regional y el intercambio de saberes.
La protección ambiental, la salud pública, la alimentación, la inclusión social, el aprovechamiento del suelo y sus recursos, los nuevos tratamientos paliativos para enfermedades oncológicas y las transformaciones de la era digital fueron algunas de las temáticas que atravesaron las investigaciones presentadas.
En este escenario surge una pregunta fundamental: ¿qué significa para las nuevas generaciones producir ciencia desde América Latina?
La respuesta no se limita a la ubicación geográfica de los centros de investigación. También implica reconocer el potencial de las universidades públicas para generar conocimientos, desarrollar metodologías propias y aportar soluciones a las necesidades de sus comunidades.
Desde esa perspectiva, las jornadas permiten que los estudiantes no solamente exponen sus investigaciones, sino que contrastan resultados, conocen otras realidades y establecen vínculos que pueden dar origen a futuras colaboraciones académicas.
Por Leonela Ruiz, enviada especial UNT

