Aunque muchas personas la asocian con chatbots como ChatGPT, la inteligencia artificial ya interviene en decisiones y procesos que forman parte de la vida cotidiana. Está presente en los bancos, las aplicaciones móviles, las plataformas de comercio electrónico, los procesos de selección de personal e incluso en el campo, donde ayuda a optimizar la producción mediante sensores y maquinaria automatizada.
“La inteligencia artificial es una herramienta que vino a facilitar cosas, no a quitar el trabajo. El que no la adopta es el que corre riesgo”, sostuvo Gustavo Eduardo Juárez, máster en Sistemas de Información y doctorando en Inteligencia Artificial en la Universidad de Málaga, durante una entrevista en Meta Ciencia, el programa de Radio Universidad.

Según explicó, gran parte de la tecnología que hoy utilizan empresas y organismos funciona sin que los usuarios sean plenamente conscientes de ello. Detrás de muchas operaciones bancarias, consultas de clientes y procesos administrativos ya trabajan agentes de software capaces de tomar decisiones y ejecutar acciones de manera autónoma.
Uno de los avances más recientes son los sistemas que permiten a estos agentes analizar información, plantearse pasos intermedios y completar tareas complejas sin intervención humana constante. Gracias a estas herramientas es posible automatizar desde gestiones comerciales hasta la organización de viajes o trámites personales. Sin embargo, esa comodidad también implica ceder acceso a datos sensibles, como información financiera o personal.
Cuando la inteligencia artificial se equivoca
A pesar de su crecimiento acelerado, la inteligencia artificial no está libre de errores. Juárez explicó que muchos de ellos tienen origen en los datos con los que fue entrenada.El especialista señaló que la mayor parte de la infraestructura tecnológica mundial se encuentra en el hemisferio norte, una realidad que influye en la información utilizada para desarrollar estos sistemas. Como consecuencia, algunas herramientas pueden presentar dificultades para interpretar correctamente contextos culturales, sociales o físicos distintos a aquellos predominantes en Europa o Estados Unidos.
A esto se suma el fenómeno de las llamadas “alucinaciones”, respuestas que parecen confiables y bien argumentadas, pero que contienen datos falsos o inventados. “La inteligencia artificial está diseñada para responder y satisfacer al usuario. Eso no significa que siempre tenga razón”, advirtió. Por ese motivo, consideró fundamental verificar la información, consultar fuentes confiables y desarrollar habilidades críticas para interactuar con estas herramientas.
El desafío en las escuelas y el trabajo
El avance de la inteligencia artificial también abrió debates en el ámbito educativo. Algunos países europeos impulsaron iniciativas para recuperar prácticas tradicionales de enseñanza y limitar el uso excesivo de dispositivos digitales en las aulas. Para Juárez, el desafío no pasa por rechazar la tecnología, sino por aprender a utilizarla de manera inteligente. En ese sentido, destacó la necesidad de capacitar a docentes y estudiantes para aprovechar sus beneficios sin depender completamente de ella.
Algo similar ocurre en el mercado laboral. Cada vez más personas utilizan inteligencia artificial para redactar currículums, cartas de presentación o perfiles profesionales. Si bien estas herramientas pueden mejorar la calidad de los documentos, también generan un efecto inesperado: la uniformidad. “Los reclutadores empiezan a recibir currículums muy parecidos entre sí. La creatividad y la capacidad de diferenciarse siguen siendo claves”, explicó.
Frente a un escenario en el que la inteligencia artificial gana protagonismo en casi todos los ámbitos, Juárez planteó tres prioridades: garantizar el acceso a la tecnología, ofrecer herramientas de calidad desde las instituciones y promover una formación que permita usarla con criterio. Lejos de reemplazar el pensamiento humano, sostuvo, la inteligencia artificial debe entenderse como una herramienta de apoyo. “Lo importante no es solamente saber usarla, sino saber cuándo confiar en ella y cuándo cuestionarla”, concluyó.

