Investigadores tucumanos desarrollaron una vacuna oral que busca proteger frente a infecciones causadas por Salmonella y Shigella, dos bacterias que pueden provocar diarrea, vómitos, dolor abdominal y otros trastornos gastrointestinales. La propuesta fue pensada especialmente para los niños y busca ofrecer una forma sencilla de prevención frente a microorganismos que pueden causar cuadros importantes, especialmente durante la infancia. El trabajo se encuentra en etapa preclínica de investigación.
El desarrollo se administraría de forma oral, en gotas, una vez al año, con la idea de generar defensas frente a Salmonella y Shigella a partir de una misma estrategia. “Cuando se trata de niños, es mucho más fácil que sea una vacuna oral”, explicó María Victoria Pacello, joven investigadora que trabaja en este proyecto bajo la dirección de la doctora Mónica Alejandra Delgado.
Pacello, junto con Fátima Villagra, Oriana Páez, Marcela Bonano, Fabián Enrique López y María de las Mercedes Pescaretti integra el equipo dirigido por Delgado. La investigación tiene lugar en el Instituto Superior de Investigaciones Biológicas (INSIBIO), de doble dependencia entre la Universidad Nacional de Tucumán y el CONICET.



La base de la vacuna es una cepa de Salmonella modificada genéticamente y atenuada, de manera que no provoque la enfermedad pero conserve la capacidad de estimular una respuesta del sistema inmunitario. En los ensayos realizados, la cepa mostró resultados favorables: fue segura y altamente inmunogénica, generó una respuesta inmunitaria sostenida con una sola dosis oral y logró proteger frente a cepas patógenas de Salmonella y Shigella. Estos resultados se encuentran protegidos bajo secreto industrial.
Actualmente no existen vacunas disponibles contra Salmonella y Shigella para prevenir los cuadros gastrointestinales que estas bacterias pueden provocar. Las vacunas disponibles contra Salmonella están dirigidas específicamente a prevenir la fiebre tifoidea, causada por Salmonella Typhi. El equipo tucumano trabaja ahora en una propuesta que busca proteger contra ambas bacterias mediante una misma vacuna de administración oral. El próximo paso será evaluar la formulación completa, que incorporará un compuesto de origen fúngico llamado beta-glucano. Estos compuestos se estudian como adyuvantes, es decir, sustancias que se agregan a una vacuna para estimular la respuesta del sistema inmunitario.
Buscan potenciar la vacuna
Como parte de esta investigación, Pacello estudia la incorporación de beta-glucanos, sustancias obtenidas de hongos, a la formulación de la vacuna. El objetivo es evaluar si pueden actuar como adyuvantes, es decir, si ayudan a mejorar la respuesta del sistema inmunitario frente a la vacuna. “El trabajo que hice fue con estos compuestos de origen fúngico, los beta-glucanos, para ver si podían utilizarse como adyuvantes de la vacuna”, explicó.
En esta primera etapa, los ensayos permitieron comprobar que los beta-glucanos no afectan la viabilidad ni las características de la cepa bacteriana. Durante los dos meses analizados, la bacteria se mantuvo viable y estable en presencia de estos compuestos. Este resultado permite avanzar hacia la próxima etapa, en la que se estudiará su posible efecto como adyuvantes.
Pacello presentará los avances de este trabajo en las Jornadas de Jóvenes Investigadores de la Asociación de Universidades Grupo Montevideo (AUGM), que se realizarán en Porto Alegre, Brasil. Allí, compartirá los resultados de esta etapa de la investigación con estudiantes de grado y de posgrado de distintos países de la región.
Por Daniela Orlandi

