Jóvenes, violencia y redes: la trama detrás de las amenazas escolares

La creciente violencia en las escuelas y el impacto de los entornos digitales en la salud mental juvenil fueron los ejes de una nueva emisión de Meta Ciencia en la UNT, el programa de Radio Universidad, que contó con la participación de la licenciada en Psicología Matilde Travesí, profesora asociada de la cátedra de Psicoanálisis Freud y tutora del Servicio de Adolescencia del Hospital Escuela de la Facultad de Psicología de la UNT.

El foco de la conversación se desplazó hacia un problema de fondo: la dificultad para detectar a tiempo el sufrimiento psíquico en adolescentes y la creciente demanda en salud mental que, muchas veces, no encuentra respuesta suficiente. El análisis se dio en un contexto atravesado por hechos recientes que encendieron las alertas en todo el país. El caso de San Cristóbal, en Santa Fe, donde un adolescente protagonizó un tiroteo dentro de una escuela, marcó un punto de inflexión. A partir de ese episodio, comenzaron a multiplicarse amenazas de ataques en distintos puntos del país, incluyendo Tucumán, donde se registraron mensajes intimidatorios en instituciones educativas (algunos escritos en baños, otros difundidos en redes sociales) que generaron temor en la comunidad educativa y obligaron a activar protocolos de seguridad con presencia policial en las escuelas.

En ese escenario, Travesí advirtió sobre un cambio profundo en la forma en que niños y adolescentes viven la escuela. “Antes era el segundo hogar; hoy puede aparecer como un lugar donde irrumpe el espanto”, señaló, al describir cómo la posibilidad de la violencia dejó de percibirse como algo lejano. Sin embargo, la especialista insistió en que no se trata de fenómenos que puedan explicarse de manera lineal. Retomando aportes de Sigmund Freud, explicó que la violencia responde a una “serie de causas complementarias”. En ese sentido, el bullying puede aparecer como un factor, pero no alcanza por sí solo para explicar conductas extremas. “No hay una única causalidad”, remarcó.

Uno de los momentos más significativos del análisis fue la referencia a las imágenes que circularon tras el ataque en Santa Fe: el estudiante agresor, antes del episodio, recostado sobre el banco mientras sus compañeros le arrojaban objetos. Lejos de una lectura automática, Travesí propuso una interpretación más profunda. “Podría no estar dormido, sino profundamente aislado, atravesando angustia o depresión”, señaló. Esa escena, explicó, permite pensar en algo que muchas veces pasa desapercibido: el sufrimiento psíquico que no logra ser detectado a tiempo. “Muchas veces llegamos tarde”, advirtió, en una de las definiciones más contundentes de la entrevista. La frase resume un problema más amplio: el crecimiento sostenido de la demanda en salud mental, frente a sistemas que no siempre logran dar respuesta a la magnitud de las necesidades actuales, incluso cuando existen espacios de atención como los servicios universitarios de atención psicológica.

En paralelo, la especialista marcó la importancia de diferenciar entre amenazas y hechos consumados, aunque remarcó que ambas situaciones deben ser tomadas con seriedad. “La muerte es algo que traumatiza, y a veces hacer una broma con el horror puede ser una forma de tramitar la angustia”, afirmó, en relación a casos donde los propios adolescentes relativizan este tipo de mensajes.

Ciudad digital sin límites ni barreras

Finalmente, Travesí se refirió al papel de las redes sociales, a las que definió como una “ciudad digital” sin límites ni barreras claras. Allí, los adolescentes circulan con gran autonomía y acceden a contenidos y comunidades, como las vinculadas al interés por crímenes reales, que muchas veces escapan a la mirada adulta. “Es un espacio prácticamente incontrolable”, advirtió. Las investigaciones recientes indican que el agresor de San Cristobal consumía contenidos de “True Crime Community” (TCC), una subcultura digital transnacional donde sus integrantes exhiben fascinación e identificación con los autores de ataques masivos.

Las reflexiones dejan en evidencia que lo que hoy ocurre en las escuelas no puede leerse como hechos aislados. Entre episodios concretos, amenazas que se viralizan y nuevas formas de sociabilidad digital, emerge un dato central: la salud mental aparece como una clave urgente para comprender y abordar la violencia juvenil antes de que sea demasiado tarde.

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