¿Por qué el bolsillo no siente la baja de la inflación?

La inflación desacelera, el déficit fiscal se reduce y los indicadores oficiales muestran una baja de la pobreza. Sin embargo, para buena parte de los argentinos la percepción cotidiana es otra: el salario rinde menos, las cuentas no cierran y el endeudamiento se vuelve cada vez más frecuente. ¿Cómo conviven esas dos realidades?

Para la economista Florencia Correa Deza, directora ejecutiva del Laboratorio de Políticas Públicas para el Desarrollo Equitativo de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Tucumán, la respuesta está en distinguir entre los logros macroeconómicos y el costo que implica alcanzarlos.

“Había variables macroeconómicas que era necesario ordenar. Prácticamente ningún economista discute la importancia de tener las cuentas fiscales saneadas. La discusión pasa por cómo se llega a ese equilibrio”, explicó durante una entrevista en el programa Meta Ciencia en la UNT, que se emite por Radio Universidad.

Según la especialista, el actual programa económico logró estabilizar variables relevantes, entre ellas una fuerte reducción de la inflación respecto de los niveles registrados a fines de 2023. Sin embargo, advirtió que el ajuste del gasto público se concentra en sectores que resultan estratégicos para el desarrollo de largo plazo.”Cuando se restringe la inversión en educación, salud, ciencia, tecnología o infraestructura, se debilitan las bases sobre las que debería apoyarse el crecimiento futuro”, afirmó.

Servicios que aumentan y familias más endeudadas

¿Por qué muchas personas sienten que el sueldo alcanza menos si la inflación bajó? Para Correa Deza, la respuesta está en el peso que hoy tienen los servicios dentro del presupuesto familiar. Mientras la inflación desacelera, gastos como la luz, el gas, el transporte, internet y la educación aumentaron por encima de otros rubros y absorben una parte cada vez mayor de los ingresos.

Ese escenario, explica la economista, obliga a muchas familias a recortar otros consumos y, cuando ese ajuste ya no alcanza, a recurrir al crédito para cubrir gastos cotidianos. Por eso, sostiene, el crecimiento del endeudamiento de los hogares es una de las consecuencias más visibles del actual contexto económico.”Cuando ya no queda margen para seguir ajustando el consumo, muchas familias recurren al crédito para cubrir gastos cotidianos”, afirmó.

Las desigualdades que persisten

Correa Deza también analizó el mercado laboral desde una perspectiva de género. A partir de investigaciones desarrolladas por su equipo, señaló que las brechas salariales entre hombres y mujeres continúan siendo un rasgo estructural de la economía argentina.

Más que diferencias en la remuneración por hora trabajada, explicó, el problema radica en la menor participación laboral de las mujeres, condicionada por la distribución desigual de las tareas domésticas y de cuidado. “Las mujeres siguen dedicando mucho más tiempo al trabajo de cuidados no remunerado. Eso limita sus posibilidades de inserción y permanencia en el mercado laboral”, indicó.

Un crecimiento con desafíos

Al proyectar el escenario económico para los próximos meses, la especialista consideró que el Gobierno mantendrá como prioridad el control de la inflación. No obstante, advirtió que el crecimiento difícilmente pueda sostenerse si queda concentrado en pocos sectores dinámicos.”Hay actividades como la minería y la agricultura que muestran un fuerte desempeño, pero eso no alcanza. Si no se fortalecen también la industria y los sectores que hoy están rezagados, el crecimiento de largo plazo corre riesgos”, concluyó.

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