Cómo las redes fabrican la duda y alimentan la polarización

“La desinformación no busca convencernos de una mentira; busca fabricar la duda”. Con esa definición, el doctor en Letras Julio Sal Paz, especialista en análisis del discurso, resumió uno de los fenómenos que hoy atraviesan las redes sociales. Invitado al programa Meta Ciencia, que se emite por Radio Universidad Tucumán, analizó cómo las polémicas surgidas durante el Mundial de fútbol (desde las acusaciones de racismo hacia los argentinos hasta las teorías conspirativas sobre la FIFA) permiten comprender el funcionamiento de la desinformación en la era digital.

Para el investigador, el problema ya no consiste únicamente en distinguir entre una noticia verdadera y una falsa. Lo verdaderamente preocupante es un ecosistema digital donde los algoritmos premian el contenido que genera indignación, enfrentamiento y emociones intensas. En ese escenario, explicó, las redes sociales funcionan como cajas de resonancia que agrupan a los usuarios en burbujas de opinión y amplifican relatos cada vez más extremos.

Por eso, Sal Paz propuso abandonar la idea de hablar únicamente de “fake news” y utilizar un concepto más amplio: desórdenes informativos. La categoría incluye noticias falsas, teorías conspirativas, contenido manipulado mediante inteligencia artificial, videos descontextualizados y otras estrategias que no buscan imponer una única versión de los hechos, sino erosionar la confianza en cualquier posibilidad de verdad.

Héroes y villanos

Uno de los mecanismos más frecuentes consiste en construir relatos simples, con héroes y villanos claramente definidos. Según explicó, esa lógica maniquea elimina los matices y facilita que cualquier acontecimiento pueda transformarse en una historia de buenos contra malos.

Como ejemplo mencionó el caso de Lionel Messi. Una frase aislada, un video editado o una imagen fuera de contexto pueden convertir a uno de los deportistas más admirados del mundo en el supuesto responsable de una conspiración. “Cuando se descontextualiza deliberadamente un mensaje, se puede transformar a un héroe en un villano”, señaló. El especialista explicó que las teorías conspirativas funcionan como relatos cerrados. Si aparecen pruebas, sostienen que confirman la conspiración; si no existen, argumentan que fueron ocultadas. De esa manera, cualquier evidencia termina reforzando la misma narrativa.

Durante la entrevista también advirtió que estos mecanismos dejan de ser un fenómeno exclusivo de las redes cuando son utilizados para profundizar la polarización política. A su entender, los discursos de odio y la cultura de la cancelación representan un riesgo para la convivencia democrática porque reemplazan el debate por la confrontación permanente y explotan las emociones por encima de los hechos. Frente a este escenario, Sal Paz reivindicó el papel del periodismo y del sistema educativo en la formación de ciudadanos con pensamiento crítico, capaces de verificar la información y comprender los contextos antes de compartir un contenido.

Su recomendación final fue tan simple como necesaria: hacer una pausa emocional antes de difundir una publicación. Si un mensaje provoca indignación, euforia o enojo de manera inmediata, aconsejó detenerse unos segundos, verificar la información y recién entonces decidir si vale la pena compartirla. En tiempos donde la viralidad parece imponerse sobre la veracidad, esa pausa puede ser una de las herramientas más eficaces para frenar la circulación de la desinformación y los discursos de odio. La nota completa a continuación.

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